Había una vez y todavía hay: el té

Las primeras referencias textuales ciertas sobre el consumo de té en China pertenecen al siglo III. Para los monjes budistas el té era una bebida ritual. Durante la época Tang se difundió en todo el país y en las dinastías sucesivas alcanzó su auge. Luego se difundió en Japón, donde en el siglo XVI se ritualizó la famosa Ceremonia del té. Se presume que los portugueses fueron los primeros en introducir la bebida en Europa, aunque el primer indicio concreto sugiere que pudo haber sido la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. En Europa el té se volvió popular primero en Francia y luego en los Países Bajos. El primer local en servir el té fue un local de Inglaterra en 1657. A 357 años de la primera taza, aún hoy se consume varias veces al día: en el desayuno, a las cinco de la tarde, o como una verdadera comida en sustitución de la cena. Hoy en día, el té en sus diversas calidades y mezclas es la bebida más consumida en el mundo. Los mayores productores son China, Taiwán, Japón, India, Sri Lanka, Bangladesh, Pakistán, Kenia, Malasia, Indonesia, Vietnam, Argentina y algunas zonas de América del Sur. En India se enriquece con cardamomo, pimienta, clavo de olor, nuez moscada. Según la tradición, el té chai se prepara poniendo en agua caliente un poco de jengibre fresco, el té y el azúcar, añadiendo por último la leche. En otras zonas de India se aromatiza con cáscara de naranja o limón, y a alturas elevadas con ron. En el Tíbet todavía se prepara como hace siglos, es decir, haciendo hervir las hojas de té negro en agua hirviendo con cardamomo y añadiendo mantequilla rancia y leche de yak.

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En China se consume siguiendo aún hoy un antiguo ritual, según reglas establecidas: la temperatura varía según el tipo de té: casi hirviendo si se trata de té negro, alrededor de 80-85°C en el caso de los tés fermentados, y 70°C para los tés verdes. En Japón, la ceremonia del té se llama Cha No Yu y, al igual que en China, su preparación se considera un momento importante. En el país hay muchas escuelas de té, destinadas sobre todo a las mujeres. El agua se hace hervir en una tetera de hierro y en cada tacita de cerámica se vierte una cucharadita de té verde en polvo. Luego se vierte el agua y se mezcla todo con un batidor de bambú. Cuando aparece una leve espuma, el té se puede servir. Los árabes aliñan el té con hojas de menta fresca y lo sirven en vasos especiales en vez de tazas. También es muy complejo el ritual de los hombres azules del Sahara, los Tuareg. Se consumen, según la tradición, tres tés de menta diferentes, uno tras otro. Se pasa del primer té, fuerte y amargo, símbolo de la muerte, servido levantando la tetera para que se forme un poco de espuma en la taza, al segundo té, para el cual se añade agua hirviendo en la tetera y más hojas de menta, con el fin de obtener un resultado más suave, símbolo de la vida. Se concluye con un té mucho más azucarado y liviano, símbolo del amor. Esta compleja ceremonia requiere unas 2-3 horas. En Inglaterra se consumen distintos tés en varios momentos del día: los tés aromatizados se consumen solos, mientras que las variedades Assam, Ceylon y Darjeeling se beben con azúcar y leche. Los irlandeses sustituyen la leche con nata, más nutritiva. En Rusia el consumo de té es alto. Se sirve fuerte, vertiendo el agua hirviendo del samovar, especie de gran hervidor con dos teteras, una grande para el agua caliente y una pequeña para la infusión. En Francia y en Alemania el consumo de té ha aumentado considerablemente en los últimos años: las variedades preferidas son Darjeeling, Assam y, sobre todo, el té negro ahumado, Lapsang Souchong. En Italia se bebe por la mañana, se bebe por la tarde, se bebe por la noche. Sobre todo si es bueno como el té Manuel.